13 de Octubre 2003

CRÓNICA DEL DESARRAIGO-.

No llevaba mucho tiempo en el barrio. Podría decirse que era nuevo. Tan nuevo como el aparcamiento en el que habitaba. Pero llevaba el tiempo suficiente. Suficiente como para haber visto crecer a vuestros hijos. A mi lado siempre acudían. Nunca faltaban a su cita en el asfalto que me rodeaba. Los más pequeños amontonaban sus juguetes junto a mi única pierna. Hacían alrededor de ella una imperfecta pirámide. Para otros, algo más mayores, yo era el protagonista de sus juegos. Sin mi presencia, y la de mi hermano, no había partido de fútbol, ni sitio para colgar la red de voleyball. Los jóvenes también acudían a su cita, en horario nocturno. Siempre en fin de semana. Y yo, desde mi ubicación privilegiada, les espiaba. Podéis tacharme o etiquetarme como despreciable voyeur, pero no tenía otra ocupación en aquellas cálidas noches (exceptuando la de improvisado urinario, que no era una actividad tan desagradable como podría parecer, sino más bien nutritiva). Convertían el aparcamiento en un enorme bar de copas, en un ring de boxeo sin cuerdas ni toallas, un circuito de carreras sin protecciones ni asistencias, un infinito prostíbulo con menos precauciones si cabía...
Ey. Que no me estoy quejando. No tengo nada en vuestra contra. El sol despertaba cada mañana y daba la señal de salida al día. Y a mí me saludaba el primero. En seguida me bañaba con sus rayos, me enverdecía mientras hacía lo mismo en tonos ocres con la señoras que posaban en sus terrazas. Mi pie seguía firme en el suelo. Y yo creciendo. Hacia abajo y arriba a la vez. Buscando más sol y más alimento. Los humanos sólo crecéis hacia arriba, pero eso no nos hace más poderosos.
Yo siempre temí vuestra presencia. Y también vuestra ausencia. Fuisteis vosotros quienes pusisteis aquella goma alrededor de mi tobillo. En un principio estaba aterrado ante aquello. Pensaba que no era más que una mortal trampa de esas que diseñáis los humanos para segar vidas. Pero estaba equivocado. Aquello empezaba a gotear a cada caída del sol, y el líquido elemento volvía a ser fuente de vida. Si hasta pusisteis un equipo de hombres a mi servicio y al de mis hermanos. Hombres árbol. Del color de las hojas del álamo. Brillantes como las hojas del almendro en la noche. Y acudían puntuales a cuidarnos. Apáticos, vacilantes, pero cumplidores de su misión.
Pero llegó el triste día. Junto a mi pie se almacenaban excrementos, botellas quebradas, restos de aquello que a vosotros os alimenta tan desequilibradamente. Pero llegó ella. Como una inmensa nube cargado e desolación, desértica. Llegó en un camión. Blanco y verde. Le ayudaron a descender dos de vosotros y la plantaron junto a mí. Allí dejaron aquella especie de cesta de un material inoxidable, perenne, execrable. Y en seguida se hizo dueña de todo aquello que me había venido rodeando hasta entonces. No sabéis lo mucho que puede llegar a odiar un ser como yo. Intenté taparle cualquier rayo de sol con mis manos. Intenté robarle los nutrientes del suelo con la uña de mi pie. Nada. Se mantenía impasible. Nunca flaqueba. Y cuando había sacado todo el jugo a aquello que llamáis restos, era vaciada para comenzar así otra vez el ciclo.
Lo único que recibía alimento en mí era el odio. Y fue absorviendo todo lo que necesitaba el resto de mi ser. El sol perdió fuerza y la goma ya no goteaba. Pronto vendrían los fríos del invierno, y yo no me daba cuenta. Agoté mis ínfimas reservas intentando estrangular las uñas de sus pies con las del mío. Paro no las hallé. Y las mías perecieron en el empeño. La tristeza comenzó a inundarme, pero no como lo hacía el agua. Muy pronto mis manos cayeron al suelo. Amarillentas. Rojizas. Algunas todavía verdes. La savia dejó de fluir por mis venas. Los pájaros dejaron de posarse en mis brazos. Ella seguía reluciente.

Deseaba poder hacer algo antes de desaparecer para siempre. Prestarle mis secos miembros a alguien para calentarse en el frío del invierno. Dejar allí mi pierna y seguir siendo el protagonista de vuestros juegos. Poder sentir que uno ha estado vivo una vez que se ha convertido en poco más que una madera corrupta en anticristiana sepultura. Y esa noche llegó. Como todo en mi vida. Todo ha llegado, pasado, venido, ido... nunca era yo el que iba o venía, el que pasaba o llegaba. Hacia mí avanzaban en la lluviosa noche del pasado sábado 2 de vosotros. Cierto que con un aspecto algo más... eh... como decís vosotros, amacarrado. Un joven con cresta y el otro rapado. Una chupa vaquera y una cazadora de camuflaje. Un heavy y un jebi. Y este último fue el que me ayudó a descansar en paz. Decidió dar muerte a mi eterna y odiada vecina y para ello yo le presté gustoso uno de mis brazos. La excitación del momento es indescriptible. El jebi se colgó y alzó sus pies en el aire. Pero en ese mismo instante mis fuerzas me abandonaron. Mi único pie dijo basta y se separó del suelo. Yo comencé a caer hacia un lado, pero el jebi no lo permitió. Me agarró fuerte y sus pies fueron el mío durante un rato...


Ahora vuelvo a estar derecho. Ya no me balanceo. Y si vosotros lo permitís, conseguiré soportar los vientos de meses venideros. Ahora tengo un nuevo pie. Un pie que se divide en dos. Y son metálicos. Y mi pierna descansa dentro de una cesta metálica y todo aquello que me alimentaba vuelve a rodearme. Y yo vuelvo a sentirme vivo, ahora que al fin estoy muerto...

Posted by eljebi at 13 de Octubre 2003 a las 08:23 PM
Comments

JODER TRONKO ERES UNA MAKINA.........me has hetxo kasi llorar joder......jejeje.....pero sigo pensando ke la puta uña esa podía haber aguantado un poko más por lo menos hasta tenerte a ti en el aire jajajaja......vaya ostión te habrías metido katxo kabron jajaja.......weno tronko ke deberías skribir un libro ke skribes de puta madre....pos nada hasta otra borratxera, pero speremos ke sin perdernos jajajaj........agur...

Posted by: el heavy on 14 de Octubre 2003 a las 05:39 PM

La próxima vez quedamos en el 3º A del portal 8 para que no haya lugar a la pérdida. Sólo tenemos que pedirle las llaves al guardia de turno...

Posted by: eljebi on 14 de Octubre 2003 a las 06:29 PM
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